La carrera espacial entre Estados Unidos y China es, ante todo, una carrera por ver quién se gasta más dinero

Cosas de la geopolítica. Y de la historia. Uno de los capítulos más vibrantes de la crónica espacial se escribió durante la convulsa guerra fría que mantuvo a medio mundo dividido entre dos bloques liderados por Washington y Moscú. En 1957 la URSS lanzó el Sputnik 1, el primer satélite puesto con éxito en órbita alrededor de la Tierra, cuatro años después se logró otro hito con Vostok 1 y en el 69 se alcanzó el que seguramente haya sido el mayor logro de aquella desenfrenada carrera con el Apolo 11 y el famoso paseo lunar de Neil Armstrong. Hoy el escenario es muy distinto. O no. La Unión Soviética es ya historia, pero se mantiene otra pugna espacial con dos poderosos contendientes en lid: EEUU y China.

Lo suyo es una carrera espacial… y de talonarios.

Una nueva carrera espacial. Acaba de reconocerlo abiertamente el administrador de la NASA, Bill Nelson. Durante una entrevista con la BBC el directivo, cabeza visible de la agencia, ha admitido abiertamente que Estados Unidos está «en una carrera espacial con China para volver a la Luna».

Y claro está, su propósito es poner todos los medios para asegurarse de que la nación norteamericana «llega primero». Sus palabras recuerdan a la pugna de los años 60 y 70 del siglo pasado, si bien con algunas diferencias importantes que van mucho más allá de que el contrincante sea ahora Pekín en vez de Moscú. Y sobre todo llegan acompañadas de un ingente inversión desde ambos lados.

Con la vista puesta en la Luna… y el bolsillo. Nadie dijo que conquistar el espacio fuese sencillo. Ni barato. En su pugna tanto Washington como Pekín han tenido que abrir el grifo de la inversión. Las tablas de Statista reflejan que el año pasado el gasto gubernamental de EEUU en programas espaciales rozó los 62.000 millones de dólares, mientras que China sumó 12.000 millones, sensiblemente por encima de Japón (4.900), Francia (4.200), Rusia (3.400), Alemania (2.500) o la India (1.900). A nivel global, el gasto alcanzó en 2022 un récord de 103.000 millones, lo que supera con holgura los 92.400 registrados en 2021.

¿Hay más datos? Sí. Y nos sirven para entender el alcance y evolución de la apuesta en cada uno de los países. Se prevé que la inversión destinada por la NASA a su ambicioso programa Artemis, con el que quiere llevar a la primera mujer y el próximo hombre a la Luna y avanzar en la exploración del polo sur lunar, alcance los 93.000 millones de dólares para 2025. Cada lanzamiento del Space Launch System (SLS) y la cápsula Orión costaría más de 4.000 millones de dólares.

Space.com aporta una cifra que ayuda a contextualizar esa inversión: el presupuesto del programa Apolo acabó ascendiendo en 1973 a un total de 23.600 millones de dólares, suma que equivaldría a más de 136.000 millones a día de hoy. Por entonces, en plena efervescencia espacial y en pugna con URSS, el gasto de la NASA acaparó un máximo de casi el 4,5% del presupuesto federal (1966), valor que fue disminuyendo con el tiempo hasta quedarse en el 1% ya en 1975.

¿Y en China? China tiene sus propias aspiraciones espaciales, hoja de ruta e inversiones. Todo con el propósito de convertirse en la segunda nación que envía humanos a la Luna. Este mismo verano, durante una cumbre celebrada en Wuhan, el ingeniero jefe adjunto de la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA) reveló algunas claves de los planes del país para impulsar una misión lunar tripulada ya a corto o medio plazo: antes de 2030. El objetivo es ir más allá del alunizaje.

A lo que aspira China a es a crear un puesto de investigación a lo largo de la próxima década, un objetivo ambicioso y similar al de la agencia estadounidense, que incluye en Artemis el establecimiento de una base lunar. El empeño chino llega acompañado de su propio despliegue de fondos: aunque no hay cifras oficiales, la consultora Euroconsult estima que la inversión de Pekín en exploración espacial llegó a 5.800 millones de dólares en 2019. Sus cálculo para 2022 es aún mayor.

Una carrera similar, pero no igual. Así es. La nueva carrea espacial, abiertamente reconocida por Bill Nelson, quizás tenga reminiscencias de la protagonizada por Washington y Moscú en la segunda mitad del siglo XX, pero desde luego no es igual. Primero porque en el tablero hay más actores. Acaban de demostrarlo Rusia e India en su empeño por llegar a la Luna, una aventura que se saldó eso sí con resultados dispares en uno y otro país: mientras Rusia fracasó en su primer intento por regresar al satélite en 47 años, la agencia india lograba a finales de agosto depositar el módulo Vikram cerca del polo sur lunar.

EEUU y China destacan sin embargo en la nueva pugna espacial por varias razones: su importante flujo inversor en programas espaciales, bien reflejado en las tablas de Statista, y el hecho de que China ha alcanzado ya hitos importantes, como enviar a la Tierra con éxito muestras de la Luna o disponer de su estación espacial. Ambas potencias globales mantienen además una tensa relación que va más allá de la carrera espacial. «Lo que me preocupa es que encontremos agua en el polo sur de la Luna, China llegue allí y diga es nuestra zona», zanja Nelson.

De la mano de las empresas. Otra peculiaridad importante de la carrera espacial del siglo XXI, como admite también Nelson, es que el sector privado ha asumido un papel crucial que permiten a la NASA compartir los pesados costes de la exploración espacial y aprovecharse de «la creatividad de los empresarios del sector privado». Buen ejemplo son SpaceX, que ha desarrollado Starship y en 2021 logró con un jugoso contrato de casi 3.000 millones para construir un módulo de aterrizaje; o Blue Origin, que también ha recibido un generoso pellizco.

Las dos firmas, impulsadas por Elon Musk y Jeff Bezos, respectivamente, son quizás las más visibles del pujante sector espacial, pero ni mucho menos son las únicas que han puesto la vista en él ni tampoco en recibir fondos de la NASA. La cadena BBC asegura que durante el año que transcurrió hasta septiembre de 2021 el gasto de la agencia en la economía estadounidense ascendía a aproximadamente 71.200 millones de dólares, un 10,7% más que durante el período anterior.

Imágenes: NASA/Joel Kowsky y Statista

En Xataka: Una nueva carrera espacial ha comenzado y todos tienen un mismo objetivo: la minería en la Luna


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La carrera espacial entre Estados Unidos y China es, ante todo, una carrera por ver quién se gasta más dinero

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Xataka

por
Carlos Prego

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