Tu apellido dice muchas cosas de ti. Pero no si desciendes de la nobleza medieval o de un «rico»

La onomástica ha cubierto durante siglos una necesidad humana básica: diferenciar a unas personas de otras. Hoy, conocer el origen y procedencia de los nombres y apellidos sigue siendo una obsesión general. Y con la llegada de Internet, esa tendencia se ha acentuado. No son pocas las páginas webs y medios de comunicación que han querido sacar rédito del hambre de curiosidad del ser humano, de la innata voluntad del individuo de querer conocer su pasado, sus raíces, de dónde venimos.

En las últimas semanas, Google se ha convertido en todo un catálogo de listas de apellidos para todo. Algunos ejemplos que podemos encontrar echando un vistazo rápido: «Si tienes algunos de estos apellidos comunes en Andalucía, desciendes de la nobleza«; «Si tienes este apellido común en Castilla y León, tus raíces son de ‘rico’ en España”; «Si tienes algunos de estos apellidos comunes en Madrid, desciendes de los celtas«, «Si tienes alguno de estos apellidos usuales en Cataluña, desciendes de los persas«.

La lista es infinita.

Algunos van más allá y juegan con estrambóticos términos:

«Si tienes algunos de estos apellidos comunes en Cataluña, tienes una fuerte conexión con el Medievo» o «Si tienes alguno de estos apellidos muy comunes en Euskadi, desciendes de los celtas misteriosos«.

¿Conexión con el medievo? Me pregunto también qué serán esos “celtas misteriosos”.

En definitiva, Internet se ha llenado de artículos sobre los apellidos y cómo estos pueden tener su origen en algunos sectores y clases históricas de la sociedad, como la nobleza. Pero lo cierto es que la mayoría de estas relaciones son infundadas.

«Apellido» y «Linaje» no es lo mismo

Las familias que tienen ciertos apellidos pueden (casi seguramente) no tener ninguna relación biológica entre sí y, por tanto, no guardar parentesco. Por ello, no puede decirse que todas las familias que coinciden en apellido tengan forzosamente atribuido la misma conexión con el pasado, y por ende, el mismo estatus. Es decir, muchas personas puede que tengan un mismo apellido, pero ello no significa que provengan del mismo linaje o familia.

Primero de todo, acudamos a la RAE. Según el diccionario, el linaje es la «ascendencia o descendencia de una familia, especialmente noble». Podríamos calificarlo como una línea de antepasados y descendientes de una persona. Por lo tanto, cuando hablamos de linaje, hablamos de familia, es decir, aquellos que comparten vínculos de sangre, unas mismas señas de identidad.

Los apellidos, en cambio, nacen de la necesidad de identificar a una persona no sólo por su «nombre», sino por su «pertenencia», es decir, su vínculo a una familia y a un lugar. Según indica la RAE, «es el nombre de familia con que se distinguen las personas». Cuando empezaron a usarse, se añadía al nombre algún atributo que pudiera ayudara a distinguir a una persona de otra: patronímicos (Pérez, Martínez, Fernández, etc.), topónimos (Monte, Aldea, Villa, Huerta,…), oficios (Carpintero, Soldado, Zapatero, Hortelano) o características (Valiente, Rubio, Delgado). Pero el linaje y el apellido no tienen porqué coincidir. Es decir, no todos los Pérez forman parte del mismo linaje.

Escudos de linajes, no de apellidos

Tal y como hemos mencionado anteriormente en Xataka, los linajes han estado asociados históricamente al arte heráldico, a los símbolos y escudos de armas: una manera de identificación de personas como lo son también los apellidos. Estos escudos de armas se podían atribuir a una persona y, por extensión, a los miembros de su familia.

Pero una familia en un sentido más general, no sólo a quienes se vinculan por parentesco biológico, sino también a aquellos que tienen con él una dependencia de servicio o clientela, propia de los linajes medievales, en los que criados y otros vinculados se identifican mediante los colores de la casa a la que sirven.

El nacimiento de la heráldica occidental a principios del siglo XIII coincide, de hecho, con la aparición de los apellidos como forma de denominación de las familias, más allá de los usos patronímicos anteriormente mencionados. Tal y como explica José Luis Sampedro Escolar, vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria: «Es evidente que muchas familias que portan tales apellidos no tienen ninguna relación biológica entre sí y, por tanto, no guardan parentesco».

En su ensayo Escudos de linajes, no de apellidos, explica que no puede decirse que todas las familias que coinciden en usar uno u otro apellido tengan las mismas armas heráldicas, pues el uso de estos emblemas depende de las circunstancias particulares de cada familia. «Así, los descendientes de un determinado señor apellidado Vidal llevan las armas que le otorgó Carlos IV, pero no las ostentarán los descendientes de sus primos, aunque sean de la misma familia y ostenten el mismo apellido».

Los apellidos, transmitidos tradicionalmente de padres a hijos como ocurre con los genes del cromosoma Y, ayudan a dibujar el linaje de una familia, sí, pero no siempre ocurre. De hecho, un estudio reciente de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) que investigó la genética de diferentes personas sugiere que en muchas ocasiones los apellidos pertenecen a individuos de distintas familias.

Los investigadores analizaron los cromosomas Y de una muestra de 416 andaluces varones de las provincias de Huelva y Granada, que compartían 222 primeros apellidos. Los científicos observaron una asociación baja entre los apellidos y los marcadores genéticos del cromosoma Y. «El mismo apellido fue adoptado por individuos que no pertenecían a la misma familia», aseguran los autores.

Imágenes: Wikimedia Commons

En Xataka | Hernández, Traoré, Wang, Müller: el mapa de los apellidos más comunes en cada país del mundo


La noticia

Tu apellido dice muchas cosas de ti. Pero no si desciendes de la nobleza medieval o de un «rico»

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Xataka

por
Albert Sanchis

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