Manhattan tiene un rascacielos de 170 metros sin ventanas. Su objetivo: ser autosuficiente y soportar lluvia radiactiva

Más que un rascacielos de Manhattan, el Long Lines Building parece una gran fortaleza levantada con el único propósito de ser inexpugnable, una inmensa mole de hormigón y granito a medio camino entre una distopía orwelliana y la torre de Mordor. Quizás suene exagerado, pero ahí van algunas cifras para entender esta rara avis arquitectónica neoyorquina: pese a que el Long Lines Building mide casi 168 metros que se reparten entre 29 plantas, no tiene ventanas. Y es normal que así sea. Sus creadores lo idearon pensando más en las máquinas que en los humanos y su objetivo era que la torre fuera autosuficiente y resistente.

Lo suficiente para soportar la lluvia radiactiva.

¿Cómo que sin ventanas? Pues así es. El Long Lines Building, a menudo conocido también como 33 Thomas Street es una descomunal torre gris de losas de hormigón y paneles de granito que se alza 168 m en pleno Manhattan sin ventanas en la fachada. Su aspecto es tan extravagante que lleva años envuelto en el misterio y fascinando a propios y extraños en Nueva York, incluido el actor Tom Hanks, que en 2017 se refirió a él como «el edificio más aterrador que jamás haya visto».

¿Aterrador o peculiar? Se comparta o no la opinión de Hanks, el Long Lines Building es desde luego peculiar: ronda los 167,6 m de alto. Y si bien esa altura sería suficiente para muchos más pisos, según NYC Urbanism, alberga solo 29 amplias plantas que se completan con tres niveles de sótano. Que no tenga ventanas no significa tampoco que su fachada sea una superficie limpia.

Para facilitar su funcionamiento, la torre está dotada de grandes pilastras que sobresalen hacia el exterior y acogen ascensores, escaleras, conductores de aire, sistemas mecánicos y salidas de aire antes de terminar en aberturas en las plantas 10 y 29. Su aspecto compacto y su ubicación, en el corazón de Lower Manhattan, le ha valido también admiradores como el diario The New York Times, que llegó a asegurar que el enorme Long Lines Building tiene «sentido arquitectónico» y «se integra en su entorno con más gracia» que cualquier bloque de la zona.

¿Hay más? Sí. Su aspecto quizás sea fascinante, o incluso «aterrador», en palabras de Hanks, pero lo más asombroso del Long Lines Building está en su interior. El edificio se concibió para ser totalmente autosuficiente y disponer de comida para abastecer a 1.500 personas durante dos semanas de ser necesario e incluso para sobrevivir a una lluvia radiactiva. A menudo se señala como uno de los edificios más seguros de EEUU y en 2016 The Sun se refería a él como «el rascacielos sin ventanas que puede sobrevivir a una explosión nuclear».

Pero… ¿Y todo eso para qué? Por una razón muy sencilla: la torre se pensó para ser resistente, segura y acoger y proteger valiosos equipos electrónicos. Sus planos salieron del estudio de John Carl Warnecke, uno de los grandes arquitectos de EEUU entre las décadas de 1960 y 1980 y que a lo largo de su carrera se encargó de otros proyectos destacados, como el Capitolio del Estado de Hawái o el John F. Kennedy Eternal Flame. El 33 Thomas Street lo diseñó para AT&T con el objetivo de que albergase uno de los centros de telecomunicaciones más importantes de EEUU, una instalación clave para procesar llamadas de larga distancia.

Con ese propósito, Warnecke optó por una arquitectura brutalista, una enorme mole funcional que se construyó entre 1969 y 1974 en un lugar que hasta entonces ocupaba una hilera de bloques históricos. Que no tenga ventanas se explica, aclara NYC Urbanism, precisamente por su finalidad: sus fachadas sin aperturas buscan proteger los equipos y que el edificio mantenga una temperatura constante.

¿Y a qué se dedica en 2023? La pregunta del millón. Long Lines Building no solo es peculiar. Durante décadas ha ido volviéndose además misterioso, tejiendo un mito que ha crecido con reportajes publicados en medios como The New York Times o The Intercept, que en 2016 publicó un artículo en el que explicaba que, si bien AT&T aún era su propietario y usuario, el céntrico rascacielos se aprovecharía para algo más: labores de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en Estados Unidos. De hecho, la pieza se refiere a él como «un centro de monitoreo encubierto que se usa para interceptar llamadas, faxes y datos de Internet».

Un edificio fascinante en su exterior… y en su interior.

Imágenes: Jeremy Keith (Flickr) y Billie Grace Ward (Flickr)

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Manhattan tiene un rascacielos de 170 metros sin ventanas. Su objetivo: ser autosuficiente y soportar lluvia radiactiva

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por
Carlos Prego

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