Las creaciones de la inteligencia artificial no tienen derechos de autor

La inteligencia artificial, más concretamente los modelos generativos, se han convertido en poco tiempo en la gran superpotencia mundial en lo referido a la creación de determinados tipos de contenidos. A este respecto, hace tan solo un par de días te contábamos el hito alcanzado por la producción de imágenes mediante IA con respecto a la fotografía, una muestra más de que, en un futuro, los contenidos con origen en este tipo de modelos estarán cada día más presentes en nuestras vidas.

Esto, claro, plantea una serie de retos, y también de dudas, sobre cómo se gestionará toda esa producción y, especialmente, si ésta será equiparable, en múltiples aspectos, a aquellas creaciones que tengan un origen humano. Dado que todavía nos encontramos en un momento, digamos inicial, de esta revolución, este es precisamente el tiempo en el que se deben empezar a establecer las bases que regulen todo aquello que está por venir.

A este respecto es fundamental, claro, distinguir entre creaciones llevadas a cabo por un modelo de inteligencia artificial generativo, con aquellas realizadas por un ser humano pero que se apoye en la IA, como por ejemplo ha hecho recientemente Paul McCartney para recuperar una vieja grabación de John Lennon y convertirla en una obra final. Aquí, claro, la duda está en establecer si debe existir una métrica porcentual para determinar si una creación apoyada en la inteligencia artificial merece ser considerada humana o si, por el contrario, no merece tal calificativo.

Esto, llevado al terreno de los derechos de autor ha abierto un complejo debate, que se centra en si las creaciones de la IA gozan de dicha protección. Pues bien, según podemos leer en TechSpot, en Estados Unidos ya hay jurisprudencia que indica que las creaciones de la inteligencia artificial no tienen derechos de autor. No hay consenso al respecto, pero esta parece ser también la postura predominante también en Europa. Así, que empiece a establecerse jurisprudencia al respecto resulta, sin duda, un paso muy importante.

En este caso, la sentencia judicial confirma la conclusión a la que había llegado previamente la oficina de derechos de autor estadounidense frente a la pretensión de Stephen Thaler, director ejecutivo de la compañía de redes neuronales Imagination Engines, que pretendía inscribir (y por lo tanto proteger) una imagen generada por el modelo Creativity Machine. Como demandante, Thaler afirmaba que la decisión de la oficina había sido «arbitraria, caprichosa, un abuso de discreción y no conforme a la ley«, pero como respuesta, por parte del tribunal, se ha encontrado con un contundente «la autoría humana es un requisito básico de los derechos de autor«.

Esto supone una victoria para quienes abogan por esta posición, que además se ve reforzada por decisiones como la de la organización de los Grammy. Sin embargo, todavía quedan varios desafdíoos a este respecto, más allá de que se establezcan (o no), jurisprudencias similares en otros lugares del mundo. El primero es, como indicaba anteriormente, el establecimiento del grado de participación de la inteligencia artificial en el proceso creativo para que la obra resultante pueda ser protegida mediante derechos de autor o no, y sin duda es un asunto excepcionalmente complejo.

Por otra parte, y peor aún, nos encontramos con la dificultad, imposibilidad en muchos casos, de determinar si una obra ha sido creada por una inteligencia artificial o no. Recientemente supimos que OpenAI había tirado la toalla en sus plantes para intentar identificar si un texto ha sido creado por una IA o no. Estas dificultades se dan ya, en un punto en el que los modelos generativos todavía tienen que evolucionar para mejorar sus salidas, evitando problemas como el que te contábamos ayer mismo. Dicho de otra manera, avanzamos hacia un mundo en el que será imposible distinguirlo, lo que supondrá un desafío para la gestión de los derechos de autor.

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