Los tiburones son la peor pesadilla de los bañistas. Y por eso Estados Unidos ha puesto a drones a patrullar playas

Tatyana Koltunyik es una mujer de 65 años que el lunes de la semana pasada disfrutaba de un relajante baño en las aguas de Rockaway Beach, una popular playa de Queens, en Nueva York, cuando de repente se convirtió en parte de la historia del arenal. De repente y muy a su pesar, todo sea dicho.

Mientras la señora Koltnuyik se estaba dando un relajante chapuzón vespertino tuvo un encontronazo con un tiburón que le asestó un mordisco atroz en la pierna izquierda, por encima de la rodilla. Hacía décadas que no pasaba nada parecido en Rockaway Beach, pero la dentellada fue tan profunda que obligó a los socorristas a salir en su auxilio, practicarle un torniquete y alertar de inmediato a los servicios de emergencia, que se encargaron de trasladarla a un hospital en estado crítico.

Un día después la mujer seguía «grave, pero estable», según la policía.

Ahora en las playas de Nueva York, además de bañistas, vigilantes y un recelo más que comprensible hacia los tiburones, hay otra cosa: drones.

Nos explicamos.

Vigilando desde el aire

Ataques graves como el que sufrió Koltnuyik no son habituales. Al menos no en Roackaway Beach, según las autoridades, que califican mordeduras como las de la semana pasada de «extremadamente raras», y los propios registros de Global Shark Atack File, en los que figura que el último incidente con tiburones en la playa data de comienzos de la década de 1950. Otro, de 2017 y que supuestamente había implicado en la misma zona a un surfista, acabó descartándose.

Sin embargo las autoridades de Nueva York han preferido prevenir que curar y reforzar su vigilancia para evitar nuevos encontronazos entre tiburones y bañistas. ¿Cómo? Con drones. Desde la semana pasada controlan la playa de Queens con ayuda de dispositivos que —asegura la cadena NBC New York— se dedicarán a sobrevolar la zona a diario, al menos hasta finales de septiembre. Esa vigilancia desde el aire se completa con controles en el propio mar con ayuda de botes.

«Volaremos el resto del verano, los siete días de la semana, de nueve de la mañana hasta el anochecer», explica el inspector de policía Frank DiGiacomo. El mismo día en que los agentes despegaron un dron del FDNY en Rockaway Beach, se detectó un tiburón a un par de millas, lo que llevó a los vigilantes a alertar a los bañistas.

Una de las decisiones que han tomado las autoridades, de hecho, es utilizar los drones para buscar tiburones una hora antes de que se abran las playas de Nueva York y, en caso de que se aviste algún ejemplar, cerrarlas durante al menos una hora. El objetivo: evitar episodios como el vivido hace días por Koltunyik, por lo que la vigilancia se extiende a las aguas de Rockaway Beach; Coney Island, en Brooklyn; Orchard Beach, en el Bronx; y South Beach, en Staten Island.

Lo que le ha ocurrido a Koltunyik ha hecho que la vigilancia de las costas pase a primer plano, pero lo cierto es que no es una medida del todo nueva en zonas de litoral, donde la afluencia de veraneantes es clave para la economía.

Buen ejemplo lo dejaba Kathy Hochul, gobernadora de Nueva York, en mayo, cuando anunció que incorporaría 10 drones que podrían usarse para controlar la presencia de tiburones en las costas del estado. «Con los neoyorquinos y visitantes preparándose para disfrutar de nuestras hermosas playas de Long Island durante todo el verano, su seguridad es nuestra principal prioridad«, aseguraba.

«Este año tomamos más medidas para proteger a los bañistas al aumentar la vigilancia para monitorear la actividad de los tiburones cerca de las playas de la costa sur», abunda la gobernadora. En 2022 ya se habían adoptado medidas para controlar la presencia de escualos a lo largo de las playas de Long Island, una vigilancia realizada con medios como drones y motos de agua.

Pero… ¿Es necesario el control o responde al pánico de casos como el protagonizado muy a su pesar por Koltunyik hace unos días?

Aunque expertos como Hans Walters, del Acuario de Nueva York, reconocen que ataques como los de Roackaway Beach son «raros» y animan a que sirvan para que tomemos consciente de la naturaleza del océano más que para desatar el pánico, lo cierto es que hay científicos que investigan ya un aumento en los avistamientos y encuentros con tiburones en las aguas de Nueva York. Ironías de la vida, que se vean más escualos nadando en la zona podría ser un indicador positivo.

El director del Programa de Florida para la Investigación de Tiburones, Gavin Naylor, explicaba hace poco a The New York Times que a lo largo de los últimos años se ha apreciado una mejora en la calidad de las aguas de la zona de Lon Island y un incremento de peces como la anchoa o Brevoortia. «Eso atrae a animales que pertenecen a ese lugar y que no han estado allí desde hace tiempo. Y con ello llegan los animales que los depredan», explica el experto: «Podemos esperar que, a medida que el ecosistema se recupere, veamos un poco más de esto».

El año pasado ocho personas aseguraron que habían sufrido mordiscos de tiburones en aguas poco profundas de Long Island y en julio AP News señalaba que el cómputo anual iba ya por cinco. Otros cálculos apuntan que durante los dos últimos veranos 13 bañistas afirmaron haber sufrido mordiscos. Las lesiones no eran graves, pero el aumento de avistamientos mantiene alerta a las autoridades.

De su lado tienen un aliado que les permite controlar las aguas desde los cielos.

Imagen de portada: Gerald Schömbs (Unsplash)

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Xataka

por
Carlos Prego

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