Las bicicletas eléctricas están devorando el mercado. Con ellas llega una reivindicación: el derecho a repararlas

Las bicicletas eléctricas están en todas partes. Este medio de transporte, que tuvo su auge durante la pandemia, sigue ganando popularidad en varias partes del mundo. Ahora bien, a medida que más personas se plantean optar por esta alternativa de transporte urbano, surgen una serie de interrogantes sobre su durabilidad y reparabilidad.

Un fenómeno que ya hemos visto. Hoy nos toca hablar de bicicletas eléctricas, pero en el pasado, en términos de reparabilidad, ya lo hemos hecho con otro tipo de productos. Por ejemplo, en los últimos años ha crecido el interés de los consumidores (y legisladores) en relación a la reparación de smartphones, lavadoras y ordenadores.

En algunas partes de Europa y Estados Unidos una serie de cambios legislativos han obligado a los fabricantes a empezar a ofrecer opciones para que los usuarios reparen sus propios dispositivos. Con todo lo que ello conlleva, es decir, con un índice de reparabilidad aceptable, acceso a los repuestos y herramientas necesarias, etc.

Si puedo reparar mi ordenador, ¿por qué no puedo hacerlo mismo con mi eBike? Si bien las bicicletas eléctricas no son consideradas dispositivos electrónicos en el sentido más tradicional, en esencia tiene muchos componentes de este tipo. Así que muchas personas han empezado a preguntarse si pueden repararlas ellas mismas.

Esta tendencia probablemente no estaría tomando fuerza si la reparación de las bicicletas eléctricas fuera tan sencilla como la de las bicicletas tradicionales. Pero cuando entran en juego ciertos componentes como motores o baterías los costos suelen dispararse, más aún en centros de reparación oficiales o independientes.

Algunos fabricantes se oponen a que los usuarios reparen sus bicicletas. Los movimientos que buscan impulsar la reparabilidad de las bicicletas eléctricas, y en algunos casos garantizar esto a través de modificaciones legislativas, han despertado a muchos fabricantes de eBike, que se han pronunciado en contra de tales iniciativas.

En Estados Unidos, recoge Fast Company, algunas empresas están tratando de convencer a los legisladores de diferentes estados para que no incluyan o eliminen a las bicicletas eléctricas dentro de las normativas del derecho a reparar. Estos dicen que el pedido responde a cuestiones de seguridad de los vehículos eléctricos.

Para algunos fabricantes, las bicicletas eléctricas no son simplemente bicicletas eléctricas, sino vehículos eléctricos complejos que deben ser reparados por personal capacitado y herramientas especializadas. Si alguien sin estos requisitos se aventura a reparar este producto pueden acabar causando problemas en lugar de solucionándolos.

El problema está en las baterías. El componente que más les preocupa a los fabricantes son las baterías de iones de litio. Los peligros, explican, van desde la utilización de baterías que no son adecuadas hasta la manipulación de estas de manera incorrecta y el perjuicio medioambiental si no acaban siendo recicladas.

Pero también hay negocio. Los argumentos que presentan estos fabricantes pueden ser plausibles, pero en cierto modo no dejan de cubrir el negocio de los centros de reparación. No es ningún secreto que reparar casi cualquier dispositivo a través de los medios oficiales que ofrece el fabricante suele ser más caro que los alternativos.

Ahora es precisamente donde los encargados de promover los derechos de los consumidores deben poner sobre la balanza los argumentos de los defensores de la reparabilidad de las bicicletas eléctricas y de los fabricantes que estén en contra para ofrecer una solución equilibrada que aborde las preocupaciones y sea beneficiosa.

Imágenes: KOMUnews

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Javier Marquez

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