Llevamos 80 años sin un pacto financiero mundial. Macron ya sabe que será más difícil que el del cambio climático

En 1944, las principales potencias económicas del mundo hicieron un gran pacto financiero. Se conoce como los Acuerdos de Bretton Woods y entre las decisiones estuvo la de crear el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Fue también entonces cuando Estados Unidos consiguió implementar el patrón oro y la necesidad de un equilibrio monetario por el cual los países más necesitados debían financiarse a través de préstamos del FMI.

Desde la Segunda Guerra Mundial quedó definida así la economía mundial, pero con el fin de la Guerra Fría y el auge de economías como la Unión Europea o China se pasó a un sistema de tipos variables sin un patrón claro. Los acuerdos de Bretton Woods están completamente desfasados, pero la economía mundial tampoco ha logrado ponerse de acuerdo en una alternativa.

Macron se autoerige como promotor de un Nuevo Pacto Financiero Mundial. La reciente cumbre en París que ha durado dos días ha sido promovida principalmente por el presidente francés, Emmanuel Macron. Fue una reunión en la que participaron más de 40 jefes de Estados y decenas de representantes de las principales organizaciones internacionales.

La cumbre tiene cuatro objetivos: cómo promover la financiación a corto plazo de los países con dificultades; fomentar el desarrollo del sector privado en los países más pobres; promover la transición energética de países en desarrollo y movilizar «financiación innovadora» en los países vulnerables al cambio climático.

Los ejes pasan por una combinación de lucha contra la deuda y su combinación con la transición energética. «Ningún dirigente de ningún país debe tener que decidir entre la reducción de la pobreza y la protección del planeta», explica Macron. Una situación «insostenible», según define el secretario general de la ONU, António Guterres.

Demasiado ambicioso y sin acuerdos en firme. Aunque todos parecen estar de acuerdo en la necesidad de renovar el sistema Bretton Woods, lo cierto es que en esta cumbre no se ha llegado a ningún acuerdo relevante.

Sí han salido algunos gestos. En la cumbre se ha anunciado un acuerdo con China para aliviar la deuda de Zambia; desde el FMI se han liberado 100.000 millones de dólares adicionales para financiar a los países más pobres y desde el Banco Mundial se ha abierto la posibilidad a suspender el pago de préstamos concretos en tiempos de crisis.

Más allá de estos anuncios, la cumbre ha sido otra reunión de líderes mundiales con buenas intenciones pero pocas propuestas en firme. Todavía lejos de lo que piden algunos dirigentes africanos como el presidente de Chad: «la pura y simple supresión de la deuda para compensar el daño enorme creado por el cambio climático».

Sin presencia de la primera fila mundial. Macron ha logrado reunir a mandamases mundiales como el presidente de Brasil, Lula da Silva; el canciller alemán Olaf Scholz; Filipe Nyusi, Presidente de Mozambique o Mia Mottley, Primera Ministra de Barbados.

Sin embargo, países como Estados Unidos, China o incluso España no han enviado a los presidentes y en su lugar han enviado a altos representantes. Una buena señal que manifiesta su interés en participar en la solución global, pero representación de que no está todavía en lo más importante de su agenda.

Por parte de China estaba Li Qiang, primer ministro chino y por parte de Estados Unidos estaba Janet Yellen, secretaria del Tesoro. En el caso de España, la representación cayó en manos de Nadia Calviño, vicepresidenta del Gobierno. Incluso Narendra Modi, primer ministro de la India y coorganizador de la cumbre, no ha acudido presencialmente.

El ejemplo de Ucrania en comparación con África. Si se quiere, se puede. Es lo que han apuntado algunos analistas durante esta cumbre. Y el mejor ejemplo es Ucrania, con quien se han realizado programas de ayudas de un alcance enorme.

Sébastien Treyer, director del Instituto del Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales, explica que «encontramos soluciones económicas increíbles para Ucrania, pero cuando países africanos como Ghana o Zambia, que son ejemplos de procesos democráticos en el continente africano y que tenían una trayectoria de despegue económico muy interesante, se encuentran en riesgo de endeudamiento masivo, les pedimos que esperen seis o 18 meses para encontrar una solución».

Es más una cuestión de confianza. Macron está intentando replicar lo conseguido en los Acuerdos de París de 2015. Es conocido que incluso este histórico pacto contra el Cambio Climático tiene un alcance muy limitado. Sin embargo, uno de los objetivos de fondo es intentar restituir la confianza entre los países del norte y del sur.

Se habla de economía, pero estas cumbres son política. Son pasos para colocar en el debate asuntos sobre los que no se están haciendo esfuerzos suficientes. Ahora el desafío es que este pacto financiero mundial no sea otra serie de promesas vacías. Según defiende Macron, la macroeconomía global ya no puede entenderse sin relacionarla con el impacto económico del cambio climático.

Hacia las tasas globales. «Hay que dar ejemplo con una movilización como la que hemos hecho sobre la tasa mínima», defiende Macron en referencia al Impuesto de Sociedades mínimo del 15%. En esta cumbre también se ha defendido la importancia de establecer impuestos a nivel global a determinados sectores o prácticas, como la contaminación del transporte marítimo o las emisiones de carbono en la importación de productos.

Imagen | United Nations/Cyril Bailleul

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Llevamos 80 años sin un pacto financiero mundial. Macron ya sabe que será más difícil que el del cambio climático

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Enrique Pérez

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