Almería guarda uno de los mayores secretos arqueológicos de España. Y ahora nos plantea un enigma genético

Las provincias de Murcia y Almería esconden uno de los secretos antropológicos mejor guardados de España, la civilización de El Argar. Una de las civilizaciones más antiguas del continente, lo que ha llegado hasta nuestros días es tan poco que los análisis genéticos realizados a sus muertos nos dejan más preguntas que respuestas.

Estructuras familiares inciertas. El último estudio genético publicado por un equipo internacional de investigadores en el que participan diversas universidades españolas analizó restos correspondientes a más de medio centenar de habitantes del yacimiento de La Almoloya, constató que las mujeres mostraban una inusitada variabilidad genética. Hasta el punto de que ninguna estaba emparentada con otra.

Salvo por un caso específico, el de madres que habían sido enterradas junto a hijas pequeñas. La diversidad genética entre los restos masculinos analizados no alcanzaba tal nivel pero era también importante. Así, por ejemplo, entre los restos estudiados, eran más los casos de relaciones genéticas de primer grado que las de segundo grado.

Virilocalidad y exogamia. A partir de esta información genética, los autores del estudio esbozan una sociedad en la que las mujeres se desplazaban entre asentamientos para entablar relaciones familiares, mientras que los hombres se mantenían habitualmente en su entorno. La idea de Virilocalidad (o patrilocalidad) resume esta tendencia a que las familias se localizaran geográficamente cerca del entorno del “padre de familia”.

Esto se unía a la exogamia, que hace referencia a la tendencia a crear estos vínculos familiares entre personas de distintos ámbitos geográficos. Para resaltar la unión entre exogamia y virilocalidad, los investigadores a cargo del análisis hablan de “exogamia femenina”.

De las tumbas dobles a las dobles hélices. La paleogenética ha abierto un nuevo escenario a la hora de entender cómo eran las sociedades prehistóricas. A pesar de ello, éste es un trabajo muy difícil. En la reconstrucción de las estructuras familiares de esta ancestral cultura ibérica tuvo un papel importante el número de tumbas dobles presentes en el yacimiento.

En las tumbas analizadas se encontrabas parejas de sexo opuesto no vinculadas genéticamente entre sí, a veces acompañados de restos óseos de niños, ellos sí vinculados genéticamente al padre. Los restos óseos de los pequeños podían corresponder a hermanos o medio-hermanos, siempre con el padre como nexo de unión genético.

Con esta información, los investigadores contemplaron tres opciones. Una sería la posibilidad de formar otra familia tras la viudedad; otra opción sería la posibilidad de que las relaciones familiares no fueran permanentes (es decir, podría haber alguna forma de divorcio); y la tercera sería la existencia de la poligamia en la sociedad de El Agrar.

La importancia de la diversidad. ¿Era la exogamia de civilizaciones como la de El Agrar una medida justificada? Sabemos hoy en día que la extinción de los neandertales vino acompañada de un alto grado de endogamia (al restringirse su presencia a pequeños reductos aislados).

Es posible que el homo sapiens también pudiera haberse enfrentado a este tipo de riesgos en algún momento de su historia. Éste no es el único estudio que señala que la exogamia estaba más presente en las culturas ancestrales de lo que podríamos tender a asumir.

Una cultura olvidada. La civilización de El Agrar floreció entre los años 2200 y 1550 a.e.c., es decir, fue (parcialmente) coetánea a la civilización micénica en la antigua Grecia o al Imperio Medio de Egipto. Los asentamientos hallados que atestiguan su existencia en la península Ibérica de la Edad de Bronce se extienden a lo largo de Andalucía oriental, región de Murcia y el sur de la provincia de Alicante.

Una de las características más conocidas de la sociedad Agrárica es su fuerte estratificación. Los arqueólogos, a través de los restos hallados a lo largo de décadas de estudio de esta cultura estimaron la existencia de una “clase alta”, que habría correspondido a los gobernantes; una clase “con derechos”; y una “clase esclava” o, cuanto menos reducida a la servidumbre.

Pero a día de hoy probablemente el mayor misterio de esta civilización prehistórica sea el de su desaparición. Hace casi 2600 años esta civilización desapareció sin dejar rastro. Esto sucedió varios cientos de años antes de la desaparición de muchas otras sociedades de la Edad de Bronce, estas en el otro extremo del Mediterráneo (el llamado colapso de la Edad del Bronce Tardía). Quizá nunca sepamos lo que ocurrió a estas culturas, pero poco a poco expandimos nuestro conocimiento de cómo podrían haber sido estas culturas prehistóricas.

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Pablo Martínez-Juarez

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