Una nueva tecnología aspira a revolucionar la forma en la que construimos edificios: ladrillos de vidrio

Decía el arquitecto Marco Vitruvio allá por el siglo I a.C. que los edificios y los materiales con los que los levantamos tendrían, en la medida de lo posible, que cumplir tres requisitos: deben ser duraderos, funcionales y bonitos. Poco tiene que ver la Roma de Vitruvio con el laboratorio de Zúrich en el que trabajaban Michal Ganobjack, Wim J. Malfait y el resto de sus colegas, pero a la hora de plantear su último trabajo han decidido guiarse por la terna ideal del maestro romano. El resultado es un nuevo ladrillo que quiere revolucionar nuestras viviendas.

Duradero, funcional, bonito… y transparente.

Reinventando el ladrillo. Suena ambicioso, pero esa es la meta que se han marcado Ganobjack, Malfait y el resto de sus compañeros de Empa, un instituto suizo de investigación especializado en ciencia y tecnología de materiales. Como detallan en un artículo que han publicado en Journal of Building Engineering, el equipo decidió recoger el guante lanzado hace siglos por Vitrubio y desarrollar un material que cumpliese sus requisitos y resultase además resistente y eficiente.

«No existe en el mercado ningún elemento constructivo que ofrezca funciones portantes, eficiencia térmica y propiedades translúcidas a la vez. El objetivo era diseñar un nuevo elemento para el cerramiento aislante y translúcido de paredes envolventes de edificios que cumpliera las tres cualidades vitruvianas y, al mismo tiempo, ofreciera una nueva combinación de eficiencia energética, aumento de la luz natural y eficiencia espacial», concluyen los investigadores en su estudio.

¿Y cuál es su propuesta? Ladrillos translúcidos. El concepto no es precisamente nuevo, ni rompedor. Los arquitectos llevan tiempo usándolos en el diseño de hogares, oficinas y negocios. Lo realmente novedoso en la propuesta de Empa es que —sostienen sus autores— consigue solucionar los dos grandes puntos débiles que han lastrado hasta ahora este tipo de piezas: su capacidad aislante y sobre todo fuerza, lo que complicaba su uso por ejemplo en muros de carga.

Las pruebas muestran que su conductividad térmica media es de 53 mW/ (m-K), «inferior incluso a la de cualquiera ladrillo aislante opaco del que se tenga noticia», recalcan sus creadores, que con esos datos sobre la mesa reivindican que se trata de las piezas de su tipo de mayor rendimiento disponible ahora en el mercado. En lo que se refiere a resistencia a la compresión de los ladrillos, los experimentos han marcado casi 45 megapascales (Mpa): «Se puede realizar un sistema de muy alta resistencia con una baja conductividad térmica y buena transmisión de la luz”.

La clave: el aerogel. Para dar forma a sus ladrillos los investigadores combinaron vidrio flotado y gránulos translúcidos de aerogel de sílice. La «receta» se completa con epoxi. A lo largo de su estudio los científicos del organismo suizo probaron con varios diseños, formas, materiales e incluso disposiciones distintas, jugando con las distancias entre los paneles de vidrio o los espaciadores internos. No partían de cero. En 2017 Jannis Wernery y sus colegas de Empa ya presentaron Aerobrick, que integra aerogeles de sílice en ladrillos de construcción.

El diseño final integra cuatro paneles de vidrio transparente flotado regular de 12 mm conectados con espaciadores y las caras lateral, inferior y superior selladas con una capa epoxi de 1,5 mmm. Por último, las cavidades se rellenaron con gránulos de aerogel sin aglutinante y luego se sellaron cada una de las aperturas con cinta transparente. El resultado: ladrillos translúcidos de 500 mm x 136 mm x 84 mm.

¿Y por qué resultan interesantes? Porque permitirían expandir el uso de ladrillos de vidrio, que han disfrutado de cierta popularidad en la arquitectura al permitir el paso de la luz, pero han tenido que enfrontarse a dos hándicaps: de su escasa eficiencia como aislante y una resistencia que dificultaba su uso en muros de carga. «Esto hace posible construir muros estéticos y translúcidos que reducen la necesidad de iluminación artificial en el interior del edificio», razona Empa.

Al fin y al cabo, como recuerda el centro suizo, para aprovechar al máximo las ventajas de los bloques de vidrio es necesario emplearlos en paredes enteras, lo que exige a su vez que ofrezcan un correcto aislamiento térmico y soporten cierta carga. «Combinación que no hasta ahora no existía en el mercado de esta forma», concluye Empa. Su análisis de costos muestra que las piezas pueden ser «bastante competitivas» y aplicables a una amplia variedad de espacios, desde oficinas, bibliotecas o museos a edificios residenciales, vestíbulos o gimnasios.

Imágenes: Empa

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Una nueva tecnología aspira a revolucionar la forma en la que construimos edificios: ladrillos de vidrio

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por
Carlos Prego

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